Cómo anhelo entrar corvado y borracho,
Tocar con suavidad la explosión de mi cuerpo.
Acercarme, y embargarte toda la sien, aniquilar el semblante,
en el punto idóneo donde converge el romanticismo.
Ahora no enuncias nada, ni Qatar ni Transnistria,
Debí dejar al menos mi boca, mi pesadumbre, mi sien.
Para así poder amedrentar toda galaxia que se atreva,
sin previo aviso, a inculpar mi fragilidad.
Es la enajenación de él la que me tiene así,
Bastaron cuatro mugrientas lunas, al son de Gobbledigook,
Para devastar lo que ahora preserva el DO y el SOL#.
El repliegue constituye, como tercera travesía y, dentro de la perversión,
La corrección ortográfica de todos sus valores.
Proclamo en toda mi satisfacción, mi separación total de la apatía, el romanticismo, y la guitarra, que me golpea la sien tres veces por día.
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